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Inteligencia artificial en bibliotecas: usos, oportunidades y riesgos

  • Foto del escritor: Sonia Luengo
    Sonia Luengo
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura
Un robot basado en IA escanea los fondos de una biblioteca

La IA ya no es una hipótesis futurista para las bibliotecas. Ha entrado en sus procesos cotidianos: búsqueda de información, referencia virtual, catalogación, gestión de metadatos, digitalización, accesibilidad, análisis de colecciones y formación de usuarios. Sin embargo, su nivel de implantación difiere en función de la tipología bibliotecaria y la geografía. Las bibliotecas universitarias y nacionales avanzan más rápido que muchas bibliotecas públicas, y los países con mayor infraestructura tecnológica —Estados Unidos, Reino Unido, China, Canadá, norte de Europa y parte de Asia— concentran buena parte de los proyectos y publicaciones sobre IA bibliotecaria. Estudios recientes señalan como países líderes en este aspecto a Estados Unidos, China, Inglaterra y Canadá. En el caso chino y británico, un estudio comparativo sobre bibliotecas académicas concluye que algunas instituciones ya han implementado servicios «inteligentes», aunque la IA todavía no aparece con suficiente peso en muchos planes estratégicos bibliotecarios. Estados Unidos y Reino Unido destacan por la investigación y uso de proveedores tecnológicos especialmente en bibliotecas universitarias; China por adopción tecnológica y servicios inteligentes en universidades; Canadá y Australia por proyectos en bibliotecas académicas y patrimoniales; y el norte de Europa por digitalización avanzada, reconocimiento de texto y experimentación en bibliotecas nacionales.


En cualquier caso, la tendencia es clara: según el informe Pulse of the Library de Clarivate, en 2025 el 67 % de las bibliotecas encuestadas en 109 países estaban explorando o implementando herramientas de IA, frente al 63 % en 2024, aunque muchas seguían en fases iniciales de evaluación. La adopción es más intensa en bibliotecas universitarias, nacionales y de investigación. En Europa, la encuesta de la Conference of European National Librarians muestra que las bibliotecas nacionales están evaluando o aplicando IA en digitalización, metadatos, acceso a colecciones y madurez organizativa.


¿Para qué se usa la IA en bibliotecas?


Uno de los usos más visibles es la atención al usuario mediante chatbots y asistentes virtuales. Estos sistemas responden preguntas frecuentes, orientan sobre horarios, servicios, bases de datos, normas de préstamo o búsqueda bibliográfica. En bibliotecas académicas, la IA se está aplicando especialmente en servicios de referencia e información, que varios estudios identifican como uno de los ámbitos de mayor adopción.


Otro campo clave es la catalogación y gestión de metadatos. Herramientas como Alma AI Metadata Assistant, WorldShare Record Manager de OCLC o sistemas de enriquecimiento automático ayudan a sugerir materias, clasificaciones, resúmenes, encabezamientos y vínculos entre registros. La IA también está transformando la búsqueda documental. Herramientas como Primo Research Assistant incorporan IA generativa en interfaces de descubrimiento para ofrecer resúmenes, referencias y rutas de exploración temática dentro de catálogos y bases de datos. En bibliotecas patrimoniales y nacionales destaca la digitalización inteligente: reconocimiento óptico de caracteres, reconocimiento de escritura manuscrita, análisis de imágenes, segmentación de documentos y transcripción automática. Plataformas como Transkribus permiten reconocer textos impresos y manuscritos en más de 100 lenguas y escrituras históricas. Bibliotecas nacionales como la de Noruega o Escocia han desarrollado sus propios proyectos de reconocimiento de manuscritos para mejorar el acceso a fondos históricos.


Oportunidades

  • La IA puede liberar tiempo profesional en tareas repetitivas: generación preliminar de metadatos, detección de duplicados, clasificación inicial, análisis de uso o respuesta a consultas simples. Esto no elimina el criterio bibliotecario; lo hace más necesario, porque la supervisión humana garantiza calidad, coherencia normativa y responsabilidad.

  • También puede mejorar el acceso. La transcripción automática de manuscritos, la traducción asistida, los resúmenes automáticos, la lectura fácil, la descripción de imágenes y los sistemas de recomendación pueden abrir colecciones que antes eran invisibles o difíciles de consultar. En bibliotecas públicas, bien utilizada, la IA puede reforzar la inclusión digital y ayudar a los usuarios a moverse en un ecosistema informativo cada vez más complejo.


Amenazas y cautelas

  • El riesgo principal es confundir automatización con conocimiento. Los sistemas de IA no están completamente exentos de inducir a error. Pueden generarse respuestas erróneas o afectadas de sesgo. La IA también puede generar citas inexistentes o metadatos aparentemente correctos pero inexactos. En catalogación, esto es especialmente delicado: un error en una materia, autoría o fecha afecta a la recuperación de la información y a la fiabilidad del catálogo.

  • También existen riesgos de privacidad. Muchas herramientas procesan consultas, documentos o datos de comportamiento de usuarios. Las bibliotecas, que históricamente han defendido la confidencialidad lectora, deben exigir transparencia, minimización de datos y garantías contractuales.

  • Otra amenaza es la dependencia tecnológica. Si las bibliotecas delegan funciones críticas pueden perder control sobre sus datos, sus criterios de descripción y su autonomía profesional. A ello se suma la brecha entre bibliotecas con recursos para experimentar con IA y aquellas que apenas pueden mantener sus servicios básicos.

Infografía sobre herramientas IA en bibliotecas

¿Cómo cambiará el mundo bibliotecario?

Al igual que la expansión de Internet o la Web no anuló la función de las bibliotecas, la IA no las sustituirá, pero sí modificará profundamente sus procesos. La biblioteca del futuro inmediato será menos un lugar donde simplemente se busca información y más un espacio donde se verifica, contextualiza, interpreta y aprende a usar críticamente la información.

El perfil profesional cambiará: crecerá la importancia de la alfabetización algorítmica, la ética de datos, la evaluación de herramientas, la curación de colecciones digitales, la preservación de datos y la mediación crítica frente a respuestas generadas por máquinas. El bibliotecario no será reemplazado por un asistente IA, pero tendrá que convertirse en garante de calidad, neutralidad, trazabilidad y acceso equitativo. Para ello, el conocimiento tecnológico deberá formar parte de sus capacidades.


La oportunidad es enorme: catálogos más ricos, colecciones patrimoniales más accesibles, usuarios mejor acompañados y servicios más personalizados. Pero la condición es clara: la IA debe estar al servicio de los principios bibliotecarios, no al revés. La biblioteca que adopte IA sin ética corre el riesgo de convertirse en una extensión acrítica de proveedores tecnológicos. La que la adopte con criterio puede reforzar su papel como institución esencial para la democracia informativa.

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